miércoles, 4 de julio de 2012 13:01

LA TARIJA, QUE DESCUBRIERON LOS ESPAÑOLES


LA TARIJA, QUE DESCUBRIERON LOS ESPAÑOLES.
Por José Luis Claros López*

INTRODUCCIÓN.

La conquista inca del Valle de Tarija y su entorno había sucedido unos setenta años antes de la llegada española y el colapso del imperio Inca, cuando conquistaron y ocuparon el territorio de la nación Chicha, el cual se extendía desde Talina a Tarija y desde Sococha por el sur hasta Ayavisca por el norte de tal forma los chichas pasaron a ser jatumrunas (obreros) y soldados al servicio del Tawantinsuyu, para el cual construyeron guarniciones en la frontera chiriguana y otros establecimientos dedicados a la exploración agrícola de esos valles. Entre los pucara de frontera se contarían los de Esquile y Tarcana, mencionados etnohistóricamente pero no reconocidos en el terreno.

En el siglo XVI el territorio Tarijeño que descubrieron los españoles era el último límite, a donde los sucesores de Manco Capac I habían extendido su imperio en una zona próxima al inmenso territorio habitado por la nación Chiriguana[1], un territorio que será conocido con el paso de los siglos en alusión a la espesura de sus bosques como el impenetrable chaco, territorio indígena, ocupado por tribus y comunidades con lógicas de organización social y política diferentes a las costumbres occidentales. El trabajo de investigación realizado en el siglo XIX por el R.P. Alejandro Corrado nos revelan que la Tarija de los incas era un vasto valle donde habitaban diversas tribus: los Chichas que vivían en Chocloca y Guairivana, los Churumatas en los llanos que después los españoles llamaron el Valle de Nuestra Señora de la Concepción, los Tomatas que poblaban Canasmoro, Sella, Coimata y un valle que los españoles llamaron de Nuestra Señora de la Victoria, tras la serranía que acordona el valle de Tarija estaban los feroces Chiriguanos, verdadero azote de todas las naciones con las que limitaban, “hostilizaban y oprimían de mil modos a los pobres Chichas, que pacíficamente ocupaban el territorio de Tarija.” (Corrado: 1884) Los incas mandaron a construir en varios puntos por ese motivo fuertes para proteger la línea de frontera. Sin embargo y a pesar de la construcción de una línea de defensa los incas no consiguieron evitar que los Chichas pagasen tributo a los Chiriguanos.

A partir de 1539 una serie de expediciones partieron desde Charcas hacia el Este y el Sureste, impulsadas por el deseo de hallar y conquistar un reino que suponían más rico aún que el del Perú y, además llegar al Océano Atlántico. Sin lugar a dudas el proceso de la conquista española de los territorios que pertenecían al dominio del imperio Inca, y la posterior fundación de asentamientos españoles en el nuevo mundo. Surgen por diferentes motivaciones, la principal fue la económica; asentarse en tierras ricas en recursos naturales y en mano de obra. Hubo también aquellas ciudades fundadas por razones estratégicas para la corona española. Este último fue la razón que motivó la fundación de Tarija.

DIEGO DE ROJAS Y EL VALLE DE TARIJA.

Diego de Rojas entre 1538 y 1539 participó en la conquista de la provincia de Charcas, en donde fue su primer gobernador de la ciudad homónima. Durante aquellos años era Gobernador del Perú Cristóbal Vaca de Castro, para ese momento inicial de la conquista española del interior de los que fueran los dominios del imperio Inca:

Había muchos soldados que no tenían hacienda ni qué hacer; y porque no causasen algún bullicio como los pasados, y también por conquistar y convertir los indios, envió Vaca de Castro muchos capitanes a diversas partes, como fue a los capitanes Diego de Rojas, Felipe Gutiérrez, de Madrid, y Nicolás de Heredia, que llevaron mucha gente. (López de Gomara 1960: 299-303)

Luego de la batalla de Chupas el Licenciado Vaca de Castro impulsó tantas entradas como le fue posible para librarse de aventureros alborotadores.

La estrategia de ruta que sigue Diego de Rojas para llegar al Valle de Tarija en junio de 1539 y continuar avanzando por esos territorios, es la misma que utiliza Diego de Almagro en el norte de Chile: Es decir, siguiendo el “capacñam Inka” (camino del inca), Esto significa que debieron bajar desde Cuzco por el camino inca llamado “de la Sierra”, que corría al naciente de la Cordillera de los Andes, pasando por Rajchi, Hatumcolla, Chuquito, Desaguadero, Andamarca, Paria, Oma Porco de Aullagas y Tupiza, hasta llegar a Chuquiago. En este importante centro administrativo el camino se bifurcaba en dos ramales; uno de ellos continuaba directo hacia el sur por la Quebrada de Talina con los establecimientos incaicos de Chipihuaico y Chagua hasta llegar a Calahoyo, en la actual frontera entre Bolivia y Argentina. El restante ramal, era desde Chaquiago se dirige en un principio hacia el sur llegando al tambo inca de Villa Victoria, luego se desvía hacia el naciente en dirección a la Cordillera de los Chichas, internándose en el cañadón del Río San Juan Oro por el paraje Charaja, donde existe un pucara defensivo con componentes culturales incas y chichas.

Desde Charaja el camino continúa en dirección a Ñoquera, en el que se ubican un tambo inca y el puente en cuestión, luego prosigue por El Pasaje de las Lagunas de Tajzara con dos establecimientos incas. Desde allí en dirección a Tarija se han registrado los tramos empedrados más finamente construidos por el Tawantinsuyu al sur del Lago Titicaca. Los siguientes puntos con tambos incas responden a los topónimos de Calderillas, Abra del Inga, El Mesón, hasta llegar a Tolomosa y al Valle Grande de Tarija. Este ramal cubre aproximadamente la distancia de “quince leguas” (españolas), que de acuerdo al relato de Fray Lizarraga separa Talina de Tarija. Es probable que otro tramo de camino inca reconocido en la región de Orozas, El Baisal y Tariquia, sea la prolongación levantina de este sector de capacñam. Un importante segmento que desde la región de Tarija se internaba en los yungas del oriente boliviano.

Diego de Rojas usando guías cuzqueños y utilizando los tambos de apoyo, recorre un largo camino pasando por Chuquiago, Livi Livi, Ñoquera, Tajsara, La Patanka y Tolomosa, como ruta seguida por los españoles en su primer entrada a Tarija de 1539 (Raffino, Gobbo y Lácona 2006: 92). Así es como Diego de Rojas es también uno de los primeros españoles en explorar la región del Pilcomayo y las primeras estribaciones de la llanura chaqueña.

La fundación de San Bernardo de la Frontera de Tarija se debe a Luis de Fuentes, que por orden superior, emanada del Virrey Francisco Toledo, de 22 de enero de 1574 ordena la fundación de Tarija, al Capitán Luís de Fuentes y Vargas, otorgándole inicialmente la siguiente jurisdicción:

“Y porque estoy informado que en vos, el dicho Luís de Fuentes, concurren las partes y calidades que se quieren para usar de dicho oficio de Capitán y Justicia Mayor de la dicha Villa de San Bernardo de Tarija y su jurisdicción que ha de ser de veinte leguas de jurisdicción hacia los indios Chichas y tierra de paz; y en lo que toca a jurisdicción que habéis de tener hacia los indios Chiriguanáes y pueblos de Guayacane y Guacaya y Comechenes se os ha de dar y dará la jurisdicción que convenga, porque ha de ser sin perjuicio de las demás poblaciones que se hicieren y por ahora os señalo treinta leguas por aquella parte hacia los indios Chiriguanáes por la limitación que se hiciere en la medida de las leguas.” (Molina Gareca 2006)

Sin embargo la primera entrada española al Valle de Tarija ocurrió en 1539. Los protagonistas fueron quince soldados de Francisco Pizarro comandados por Pedro de Candia (el griego), acompañados también por el escribano Juan de Grájeda. Este último tuvo a su cargo la elaboración de varias actas que cubren un período entre mayo de 1539 y marzo de 1540 y contienen datos relacionados con la entrada y ocupación del valle en fechas situadas a apenas unos años después de la caída del Imperio Inca, entre los quince soldados se encontraba Diego de Rojas quien llego al Perú en 1536, como parte de un cuerpo de auxilio para ayudar al ejército de Francisco Pizarro.

Ese mismo año de 1539, Diego De Rojas partió del valle de Tarija, para explorar la zona del Pilcomayo. La expedición de Rojas, al Pilcomayo contaba con alrededor de unos trescientos hombres, entre los que se contaban algunos capitanes que más tarde habían de alcanzar sobresaliente actuación: Francisco de Villagra, Jeronimo de Alderete, Rodrigo de Quiroga y López de Ulloa, Gerónimo de Alderete y Mercado, Diego Centeno y Juan Ortiz de Zárate, pero no encontró a los chiriguanos, quizá porque desvió la ruta la expedición recorre los bosques del chaco por más de un año al llegar al Pilcomayo lo exploraron hasta los esteros de Patiño y desde aquel lugar tuvo que regresar al punto de partida. Al regresar al valle de Tarija Diego de Rojas se encontró con Pedro de Anzúrez, quien también, intentó una expedición al Chaco en 1542, tomando la vía de los Chichas, pero debió retroceder con su tropa desde Tupiza, a la noticia del asesinato de Francisco Pizarro, que desencadenaba la guerra civil en el Perú.

LA FRONTERA DE TARIJA EN EL SIGLO XVI.

Cuando en 1539 el capitán Diego de Rojas hizo su entrada en los valles de Tarija halló a las tribus locales quienes le contaron de las continuas guerras con sus vecinos Chiriguanos, así como a los daños ocasionados. Por esta razón, los indios Moyos moyos (una de las tribus que habitaban esa región) se retiraron de Tarija buscando el amparo de los españoles y hacia 1550 se habían afincado en las inmediaciones de La Plata. Algunos españoles establecieron estancias de ganado en Tarija pero sin fundar pueblo o ciudad, tal fue el caso de Juan Ortiz de Zárate quien aprovechó la mano de obra de los indios Carangas, indios de su encomienda, para desarrollar la actividad pecuaria. Estos indios habitaban desde tiempos prehispánicos una docena de asentamientos en los valles centrales de Tarija, la empresa se desenvolvía con relativo éxito, sólo opacado por las incursiones relámpago de los Chiriguanos. Hacia 1565 los Chiriguanos se apoderaron del valle de Tarija provocando la huida de los españoles. Es así como desde Charcas, las referencias sobre los Chiriguanos pasan de ser meramente geográficas a abiertamente condenatorias.

Entre 1565 y 1574 Tarija quedó fuera del dominio colonial y los Chiriguanos circulaban por la región acometiendo a otros indígenas, tal es el caso de los chichas a quienes les cobraban tributo.

El dominio inka de la región, ocupada previamente por el señorío Chicha, es señalado por varios cronistas, el franciscano R. de Lizarraga en su “Descripción del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile”, escrita entre 1595 y 1607, confirma la participación de mitmaq inka en la defensa de la frontera: “...Quince leguas a la mano izquierda de Talina, declinando más al oriente, entramos al gran valle de Tarija...El Inga cuando era señor desta tierra, tenía aquí guarnición de gente de guerra contra estos chiriguanos...” (Raffino/Vitry/Gobbo 2004)

Las descripciones que los españoles hicieron de Tarija durante el decenio que estuvo fuera del dominio colonial son unánimes en cuanto a los asaltos, robos, cautiverios y muertes que causaban impunemente los Chiriguanos, no obstante cabe considerar que son escritos destinados a enaltecer las hazañas de guerra de los españoles. En esos años los valles tarijeños eran un área de paso hacia el Tucumán y también hacia el Paraguay y el Río de la Plata. En otras palabras, Tarija fuera de dominio implicaba un obstáculo para la comunicación con otras regiones del Virreinato, con los consecuentes perjuicios económicos. Debido a esta preocupación don Francisco de Toledo, virrey del Perú, partió de España con la orden del rey Felipe II de terminar con el problema de los chiriguanos; por tal motivo contaba con una declaración formal de guerra contra estos indios fechada en 1568. Este hecho es absolutamente inédito pues no se registran otras declaraciones oficiales de guerra del rey español hacia otros grupos indígenas americanos. No obstante, Toledo debía contar con la debida justificación y autorización otorgada por los miembros de la Audiencia para llevar adelante la guerra de conquista. Tanto la documentación elaborada por el presidente y los oidores de la Audiencia de Charcas como por Toledo dan cuenta de la enorme preocupación que generaba la inestabilidad del principal centro minero y la frontera sur como consecuencia del accionar de los Chiriguanos. A decir verdad, la preocupación era más amplia porque dentro del problema de la inseguridad que desencadenaban los Chiriguanos Tarija era sólo un punto dentro de una región mucho más extendida. Lo que se planificó para Tarija formó parte de un verdadero proyecto colonizador, cuyas características fueron debatidas entre los miembros de la audiencia y el Virrey Francisco de Toledo. Así, en 1573 el oidor Juan de Matienzo planteaba que debía llevarse adelante una "guerra de castigo" contra los chiriguanos que ingresaban "por Tomina y Tacopaya y otras tierras junto a estas y por los Chichas y Tarixa y por las yungas de la coca".

En las sesiones de la Audiencia de Charcas de 1573 se acordó que, por lo descripto, era justo y lícito hacerle la guerra a los Chiriguanos y adicionalmente porque eran apóstatas. Algunos líderes indígenas bautizados renegaban del sacramento y continuaban con sus antiguas prácticas, en ocasiones se los nombra infieles pero, en cualquier caso, es evidente que la desobediencia a Dios formaba parte del estereotipo. En la misma fecha, el oidor Antonio López de Haro calificaba su forma de vida como abominable, contraria a la ley divina y humana, ya que eran apóstatas, idólatras y homicidas antropófagos. En relación con la antropofagia o canibalismo Cathertine Julien no cree que tal práctica estuviera extendida entre los Chiriguanos; en su opinión la acusación fue uno de los elementos constitutivos del estereotipo negativo que ideó Toledo. Esta afirmación se basa en la inexistencia de información concreta sobre actos de canibalismo, tal como descripciones de contextos específicos donde se llevara a cabo dicha práctica.

Como queda dicho, el virrey Toledo fue el gran ideólogo de la campaña contra los Chiriguanos y de su imagen negativa. En una carta al Rey de 1573 sintetiza su opinión sobre este colectivo indígena afirmando que eran la "peor gente que con ánima racional vive" por ser belicosos, crueles, antropófagos y sodomitas. Frente a esto, en función de las ordenanzas del rey y el apoyo de la audiencia, estaba decidido a hacer la guerra a los Chiriguanos de la frontera personalmente dado que representaban, o eso afirmaba en su discurso legitimador, todas las maldades imaginables hacia los súbditos y vasallos españoles.

En 1574, contando con el apoyo del rey y la audiencia, el virrey Toledo resolvió encabezar una guerra de castigo a fuego y sangre. La campaña que se dirigió al norte de Tarija no tuvo los resultados esperados. El 2 de junio de 1574 Toledo partió de La Plata y entró a la cordillera chiriguana por la zona de confluencia del río Pilaya y del río Pilcomayo, aunque lideró un nutrido grupo de 500 españoles y unos 1000 indios de servicio los "rebeldes y astutos" chiriguanos lo vencieron y debió retirarse huyendo con gran pérdida de propios e indios. La jornada tuvo el efecto contrario al esperado porque la victoria le permitió al enemigo sentirse más seguro en su posición y continuó sus entradas para robar, matar y provocar el despoblamiento de pueblos y estancias.

Hacer la guerra contra los Chiriguanos formó parte del proyecto colonizador dentro del cual cobraron protagonismo los valles de Tarija. Toledo había planeado fundar una serie de poblados para frenar el avance de los Chiriguanos, y desde allí ir tierra adentro para "castigarlos". En función de este objetivo, en 1574 el Virrey capituló la fundación de Tarija con Luis de Fuentes y Vargas, hasta entonces empresario minero con intereses en Potosí población que vivía la constante paranoia de una incursión de los chiriguanos: Desde Potosí fue a enfrentarlos (a los Chiriguanos) el corregidor, cuando corrió el rumor de que salían miles en guerra y se acercaban a la villa, lo que resultó falso (Glave 2007: 21).

Según lo confirma el propio Virrey la región de los valles tarijeños era uno de los puntos por donde los Chiriguanos entraban, con mayor frecuencia, en la parte sur de Charcas desde sus poblaciones, identificadas vagamente a unas quince leguas -aunque sus tierras comenzaban a cinco o seis. El 4 de julio de 1574 se realizó la fundación de San Bernardo de la Frontera de Tarija, estuvo a cargo de un grupo de 50 españoles y 70 indios tomatas. Algunos testigos españoles relatan las dificultades durante los primeros años de su fundación a raíz de la presión que seguían ejerciendo los Chiriguanos. Por tal motivo, los tiempos iníciales se caracterizaron por el hambre y la desazón, lo cual producía huidas y obligaba al fundador a perseguir a los prófugos y retenerlos en los valles tarijeños, bajo pena de fusilamiento por incumplimiento de sus compromisos.

La situación se tornó cada vez más difícil haciéndose evidente que no bastaban las esporádicas entradas realizadas por Fuentes para perseguir a los Chiriguanos que asaltaban a los colonos de noche tomando cautivos y huyendo tierra adentro. La inestabilidad de la frontera se reflejaba en los informes escritos por autoridades y vecinos de Tarija pero también de Tomina y Santa Cruz.

En la probanza de méritos y servicios de Fuentes y Vargas encontramos numerosos ejemplos sobre el accionar de los Chiriguanos en el frente pionero. De hecho en esos escritos vemos al estereotipo funcionando en todo su esplendor, los Chiriguanos son presentados como verdaderos "cucos" de la frontera: "gente más belicosa, ardilosa y mala que hay". El haber "pasado malos días y peores noches" luchando contra los Chiriguanos fue el eje vertebral de la argumentación de Fuentes para la solicitud de mercedes que realizó en su probanza.

DEL GUADALQUIVIR AL CHACO Y JUAN PORCEL DE PADILLA.

El fundador de Tarija, Luis de Fuentes y Vargas, declaró en sus probanzas de méritos y servicios que antes de la fundación los Chiriguanos mataban y llevaban cautivos a los indios de Tarija y de la provincia de los Chichas. En su opinión el accionar de los Chiriguanos tuvo dos consecuencias; por un lado, llevó a la despoblación de ambos espacios, por el otro, obligó a los chichas a tributar cada año a los Chiriguanos para que les permitieran vivir en sus tierras.

El 25 de septiembre de 1577 se produce un asalto a la ranchería de los Tomatas, acto hostil de los Chiriguanos como resultado, treinta personas quedaron cautivas. Salieron en pos del enemigo seis españoles y le quitaron la presa; pero en la refriega quedó gravemente herido uno de ellos que al otro día murió. (Corrado 1884: 13-14) algunos meses después también atacaron la Villa de San Bernardo de la Frontera luego reuniendo mayor cantidad de Chiriguanos pusieron sitio a la Villa, en aquel tiempo el Capitán Luis de Fuentes no estaba así que la defensa fue asumida por el Capitán Blas Gonzales Cermeño. De tal forma que a orillas del Guadalquivir y en el resto del valle de Tarija, sus primeros pobladores de origen español debían estar constantemente prevenidos y armados:

Tantas y tan continuas hostilidades no dejaban a los colonos un momento de tranquilidad. Andaban con las armas en las manos; al oscurecer tenían el cuidado de recoger y encerrar sus bestias, para preservarlas de los robos nocturnos; veían se obligados a sembrar juntos un poco trecho y en los contornos de la villa; ni se atrevían a salir de sus estancias sin llevar escopeta y cota para hallarse prevenidos donde quiera que tuviesen noticia de acudir a las defensas y al socorro. En los días solemnes, mientras el pueblo asistía en la iglesia, una cuadrilla de hombres bien pertrechados estaba de guardia para evitar el que alguna improvisa incursión de Chiriguanos no turbase la quietud de las funciones. (Ídem: 15-16)

En 1583, igual que había hecho el Virrey Francisco de Toledo la década anterior, la Audiencia declaró la guerra "a fuego y sangre" a los Chiriguanos y autorizó a Luis de Fuentes y Vargas a entrar en tierra Chiriguana y "hacer en ellos el daño que pudiere".

En julio de 1584 Fuentes lideró una entrada desde Tarija, junto a 70 hombres y durante tres meses combate a los chiriguanos, Luis de Fuentes, debe combatir para defender su territorio conquistado y donde ha fundado en 1574 la Villa de San Bernardo de la Frontera. Para lo cual incursiona a la región dominada por los chiriguanos quienes provenían del sur del Pilcomayo. En una carta dirigida a la Audiencia de Charcas el 8 de septiembre de ese mismo año, Fuentes menciona a su enemigo principal: el “curaca principal Chiquiaca”, cuyas comunidades son “el riñón y fuerza de todos los chiriguanaes”, en esa misma campaña militar, Fuentes asalta a un pueblo chiriguano “que está cauce el Rio Grande”, es decir por el río Bermejo; se menciona, también, a un jefe chiriguano llamado Coyonbaio [Cuyambuyu]. Como en otras partes, se nombra a los pueblos por el nombre de sus caciques (Combés 2007: 265). En 1584, entonces, los chiriguanos están bien establecidos al sur del Pilcomayo, e incluso hasta el río Bermejo al sur, donde se ubica la comunidad de Cuyambuyu.

Durante esta campaña realizó matanzas, quemó poblados, cultivos y almacenes de maíz y obligó a los indígenas que escaparon con vida a replegarse tierra adentro. En 1586 realizó otra entrada de menores proporciones que la anterior pero también con nefastas consecuencias para los chiriguanos. En esta ocasión se obligó a los chiriguanos a desplazarse fuera de las inmediaciones de Tarija, hasta una zona identificada como "el río Grande a las vertientes del río Bermejo que va al río de la Plata"; es decir, el río Grande de Tarija.

EL FINANCIAMIENTO DE LA EXPEDICIÓN DE JUAN PORCEL DE PADILLA.

El financiamiento proviene de una Capitulación que era un convenio o acuerdo entre los monarcas españoles y un particular para el descubrimiento, poblamiento y explotación de nuevas tierras, cuyo origen se remonta a los últimos siglos de la edad media (a cargo de los reyes castellanos) y que tuvo su pleno desarrollo en los inicios de la edad moderna, especialmente en lo referido a la exploración y colonización del Nuevo Mundo, entre Juan Porcel de Padilla y el Virrey del Perú Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros. En aquella época, el Marqués de Montesclaros quería favorecer los proyectos expansivos en los Andes orientales a fin de ensanchar el dominio de la Corona y quebrantar la presión de los belicosos indios en la frontera. Costo de la Expedición es de 98 mil Pesos (Paz 1936). Para cubrir este capital necesario para la concretización de su expedición, Juan Porcel de Padilla hipotecaria para el efecto, las casas, ingenios, minas, estancias, molinos y otras heredades y haciendas que tenía en Potosí, como en los Valles de Tarija y Guaicoma.

A cambio el Virreinato se comprometía a otorgarle en recompensa varios títulos y mercedes ya que la política de la corona en el siglo XVI era oponerse a la creación de una nobleza legítima o titulada en Indias. La conexión familiar entre altos funcionarios (Gobernadores y miembros de la Real Audiencia) y linajes nobles de Castilla constituyó la fuente fundamental de dicha formación (Saguier 1990: 2), como por ejemplo el corregimiento de Tarija y Las nuevas Ciudades que fundase por dos vidas es decir seria hereditario el cargo de Corregidor para un miembro de su familia, el derecho de encomendar a los indios que sometiese, la exención de alcabala para los nuevos pobladores por 30 años, el derecho de trasladar indios Tomatas y Churumatas a la región que descubriera. El cargo de Justicia Mayor Vitalicio, no solo en la ciudad a fundar sino en las demás que siguiera estableciendo entre los Chiriguanos. Con esta expedición que parte desde la villa fundada por Luis de Fuentes y Vargas, Juan Porcel de Padilla, amplia la jurisdicción de Tarija hasta llegar al rio Paraguay.

CONCLUSIÓN.

Diego de Rojas llegó primero a Tarija y atravesó luego los territorios del actual Chaco Tarijeño, frente a la hostilidad permanente de los pobladores locales que resistían la presencia de los españoles. Los colonizadores del Este fracasan en su intento de penetrar el Gran Chaco, pero desde el Oeste se establecen los españoles maravillados de las bondades de estas tierras. Durante los siglos XV y XVI. Los Chiriguanos lograron con éxito desbaratar las incursiones y a las guarniciones incas y luego, a partir de 1564, a los ejércitos españoles que intentaban «entrar» en el chaco desde Tarija o de otros lugares. Como resultado de su belicosidad de los Chiriguanos es que el propio Virrey Toledo en 1574 fracasa en su expedición, llegando como punto máximo la zona que se denominó «Cordillera Chiriguana» (Saignes 1985: 105). El único remedio a partir de aquel momento en la política colonial fue de cercar “la frontera” con la fundación de unas villas encargadas de contener las irrupciones de los pueblos que para los colonizadores españoles eran “bárbaros” a pesar que el Papa Pablo III declaro en una bula que "todos los indios eran hombres y no bestias". Pero que Diego de Rojas haya partido a explorar el chaco se debió sobre todo a otros factores y no tanto así a la necesidad de conquistar esos territorios. Estos factores serían más que todo de tipo político ya que para Cristóbal Vaca de Castro Gobernador del Perú, consideraba que tener bajo su mando tantos aventureros sin realizar ningún tipo de actividad era peligroso, así que decide por ese motivo enviarlos a diversas misiones de conquista. Después de la muerte de Luis de Fuentes y Vargas fundador de Tarija, Juan Porcel de Padilla, amplia la jurisdicción del territorio tarijeño hasta llegar al rio Paraguay

Con el fracaso de la entrada del Virrey Francisco de Toledo (1574) el proyecto colonizador del sur andino tambaleaba. El fundador de Tarija repelía las incursiones chiriguanas con asistencia de la Audiencia que le enviaba pertrechos para la defensa. Las peticiones de ayuda de Fuentes se fundamentan en la posibilidad palpable de ataques Chiriguanos, ante esto los oidores respondían enviando pólvora a los puntos fronterizos de Tarija y Tomina. Lo cierto es que el proyecto Toledano de fundación de ciudades obtuvo los resultados esperados en el mediano plazo. Los españoles asentados en Tarija lograron contener el avance chiriguano que dejó de ser un problema inquietante luego de las entradas de Fuentes. Los chiriguanos continuaron establecidos en el chaco tarijeño y el estereotipo de salvajismo continuó pesando sobre ellos. Desde principios del siglo XVII la relación con los chiriguanos se dio a través de los eclesiásticos aún cuando sus proyectos de evangelización recién tuvieron éxito hacia el siglo XVIII. Esta cuestión merece un análisis en profundidad que excede la propuesta del presente trabajo. Simplemente mencionaremos que la fama negativa de los Chiriguanos se constituye en una suerte de cliché y circula entre los sacerdotes a cargo de la evangelización de los pueblos no andinos. Así llegó hasta el Padre Lizárraga quien a principios del siglo XVII escribía sobre "las calidades" de los Chiriguanos, explicando que no eran naturales de los valles interandinos sino advenedizos. El sacerdote los acusó de no guardar la ley natural pues eran viciosos y tocados del vicio nefando, mantenían relaciones sexuales con sus hermanas, comían carne humana sin ningún asco y andaban desnudos; además, consideraban a todas las demás poblaciones indígenas como esclavas. De esta manera, al calor de los fallidos intentos de evangelización numerosos pecados fueron incorporándose a la definición del ser Chiriguanos.

*El autor es Director de Contenidos de NEMBOATI.com

Bibliografía.

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SAIGNES, Thierry. La Guerra "Salvaje" en los confines de los Andes y del Chaco: La Resistencia Chiriguana a la Colonización Europea. Edit. Quinto Centenario. Universidad Complutense de Madrid. 1985



[1] El concepto de “Nación”, en términos coloniales, explicaba una agrupación de personas sobre base lingüística y territorial. Si bien con diferencias internas, los guaraníes fueron los que opusieron la mayor resistencia a la conquista colonial. La identidad guerrera de ofensa y defensa les permitió mantener una fuerte cohesión que, sin embargo, inhibía toda concentración de poder local y regional, visualizando en él un concepto de Estado. Calzavarini, Lorenzo. La última versión de algunos escritos de Thierry Saignes. (¿una leyenda negra eclesial?). Centro Eclesial de Documentación. Convento Franciscano de Tarija. Tarija, 6 de noviembre de 2007

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