martes, 15 de enero de 2013 20:43

Mientras Llovía. Cuento erótico escrito por José Luis Claros López

Mientras Llovía.
Por José Luis Claros López

Él la veía pasar de lejos, ella caminaba rápido dejando su perfume a lo largo de su recorrido, atrayendo la mirada de los hombres que trataban de desnudarla en sueños despojándola de su ropa sobria de oficinista siempre acorde a la moda sin parecer jamás vulgar, con su camisa blanca traslucida en la parte posterior que dejaba ver su espalda.

Él alguna vez había conversado con ella y sus labios le parecieron tan sensuales como su cabello rizado. Pasaba el tiempo una noche de verano ella entro a su oficina era tarde, parecía que llovería y el ambiente se cargaba hasta ser tan sofocante. Una canción de Queen sonaba en la radio llenando el ambiente con la melodía. Ella se sorprendió y le pregunta entonces a él si le gustaba escuchar a ese artista, él le dice que no sabe quién canta pero que le gusta la melodía. Luego ella se queda mirando como él la miraba en silencio y le pregunta porque tanto silencio, él respondió entonces que no deseaba ser atrevido pero que ahora que los veía de cerca estaba más convencido que nunca que sus labios eran más sensuales que los labios de Megan Fox. Ella se sonrojo y le responde que no es para tanto, él entonces le dice mientras se levanta de su sillón acercándose a ella, que le disculpe por no haberle ofrecido un asiento y tomándola de la mano la guía hacía un lugar donde pueda ella estar cómoda, ella le dice que no esperaba que sea tan educado y él responde simplemente sin dejar de mirar fijamente sus ojos que desearía tener en ese momento la simpatía y carisma de un payaso para robarle una sonrisa. Ella entonces abre sus bellos ojos y preocupada escucha su propia voz preguntarle a ese hombre si lo que buscaba era seducirla. Él se acerca lentamente hasta ponerse de rodillas y sin que pudiera ella evitarlo él busca sus manos y ella desconcertada no se resiste hasta que siente también que sus labios de él están rozando sus labios.

Luego se dio el primer beso, ella no lo rechazaba pero tampoco le correspondía. Él deja de besarla y susurra en su oído las cosas que deseaba hacerle cada vez que la veía caminar por los pasillos, se lo decía en un tono agradable con una cadencia en su voz que comenzó a excitarla, mientras ella imaginaba cada una de las acciones que aquel hombre le describía cada una de sus caricias, como le despojaría de su ropa sobria de oficinista y sobre todo la forma en que besaría los labios de su vagina y como después introduciría su lengua buscando ese lugar preciso donde pudiera conseguir que la excitación y el calor en su cuerpo aumente hasta hacerle latir el corazón como nunca se lo habían hecho latir.

Ella entonces fue guiando su mano de él hasta su vagina conforme va escuchando lo que él va susurrándole al oído y comenzó entonces a sentir sus dedos y la palma de la mano de él acariciando su intimidad por encima de la ropa y le gusto la sensación. Luego regreso un extraño silencio, donde solo existía el sonido de la lluvia y el de la respiración agitada de ambos.

Entonces mientras llovía ella comenzó a sentir más calor y él no se detenía, estaba dispuesto a darle todo el placer que pudiera sin esperar nada a cambio y ella empezó a decirle que no se detenga, que continué que le gustaba la deliciosa sensación que nacía desde su vagina. Los minutos continuaron, la lluvia continuo aumentando en intensidad y ella sentía como se mojaba cada vez más, el calor recorría su cuerpo, deseaba que la desnudará de una vez pero él continuaba estimulándola y luego empezó a besarle la boca ella le correspondía los besos, mientras sus manos también acariciaban el cuerpo de él y sintió su corazón que se le quería salir del pecho, ambos estaban muy excitados, la lluvia comenzó a calmarse pero la intensidad de la pasión en esa oficina estaba en su punto más alto, parecía que toda la oficina estaba por arder. Él entonces movió sus dedos de la forma correcta, en el punto exacto, en el momento preciso y ella llego hasta el cielo sin desnudarse ni ser penetrada. Él beso su boca con toda la pasión del deseo y luego tiernamente la rodeo con sus brazos mientras le decía mirándole a los ojos que de seguro en la cama ella podría matarlo al hacer el amor, pero que moriría contento y disfrutando de un hermoso momento por haber encontrado a la mujer que buscaba.

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