miércoles, 22 de junio de 2016 16:49

ENTRE FLECHAS, ESPADAS, CRUCES Y BALAS Por José Luis Claros López




ENTRE FLECHAS, ESPADAS, CRUCES Y BALAS
Por José Luis Claros López (*)

Introducción.

Durante la época de la conquista española de la América del Sur, la fundación de los asentamientos que con el paso del tiempo en muchos casos darían lugar a la consolidación de pueblos y ciudades que aún existen en el presente, por parte de los “conquistadores europeos”, era el resultado de la construcción de una serie de infraestructuras representativas por un lado del poder religioso de la cristiandad: una iglesia, por el otro del poder político y militar de la corona española: un fuerte y una plaza; alrededor de estos elementos arquitectónicos se levantaban luego las demás construcciones del asentamiento un cabildo, casas de las familias más acomodadas ó centros de abastecimiento para las haciendas de los españoles, los europeos imponían así su dominio sobre los pueblos indígenas originarios sojuzgados por la Cruz y la espada, los indígenas sólo con sus flechas poca resistencia podían ofrecer contra esa fuerza representada por la espada y la cruz, los indígenas que aceptaban con pesar el nuevo orden eran evangelizados para ser así una suerte de población de siervos, aún en la Europa misma la edad media no se terminaba de ir y seguían existiendo de cierta manera vasallos y señores feudales, en la América conquistada por los Españoles, los indígenas que no deseaban ser sometidos debían internarse más allá de las fronteras de la “civilización” ingresando a ese mundo de lo desconocido que hasta muy entrado el siglo XIX era todavía un lugar inexplorado cargado en el imaginario de los hombres civilizados de un mundo de leyendas y magia. Ahora bien, en el caso de las iglesias, estas eran construidas en lugares especiales dentro del territorio conquistado, una Iglesia es la denominación del templo destinado al culto religioso público en el cristianismo, en general, el edificio dedicado a iglesia tiende al predominio de la altura en contraposición de los “templos paganos” como para significar el espíritu elevado de su fundación. La conversión de los indígenas a la religión católica y la eliminación de las antiguas creencias de estos era un propósito al que los españoles daban tanta importancia como a la dominación militar. Por eso se dice que, junto con las acciones guerreras, hubo en las colonias una conquista espiritual.[1]

En esa lógica la conversión de los infieles indígenas a la fe católica, era un elemento más de la conquista una herramienta ó un arma de fe que proporcionaba mediante diversos métodos la dominación mental del indígena justificando así el papel dominante de los españoles y a la vez permitía ordenar la sociedad de acuerdo con las características europeas. Muchas iglesias fueron construidas sobre antiguos templos indígenas, hicieron derribar los templos y sustituirlos por iglesias y monasterios, construidos con las mismas piedras. Esta táctica de conversión no era nueva, pero había probado su utilidad en la evangelización de Europa, donde muchas iglesias habían sustituido antiguos santuarios.

Los Franciscanos y la evangelización del Chaco Tarijeño.

En el Siglo XIX los territorios del Chaco Tarijeño fueron evangelizados por los franciscanos, la presencia del Colegio de Propaganda Fide en la región chaqueñaha sido efectiva por el método utilizado[2] quienes demostraron a partir de 1809 deben abandonar varias de sus misiones expulsados por los soldados patriotas en la región actual de la Prov. Cordillera, lo mismo pasó en las reducciones de la Frontera de Chuquisaca y en las de Tarija (Itau y Salinas) con iguales vejámenes y exilios. Para 1815 en el Colegio Franciscano de Tarija de sus misioneros, veinte y dos estaban presos; ocho emigrados; cuatro obligados a servir de capellanes en el ejército, en el convento, apenas quedaban tres sacerdotes; dos de ellos mayores de 70 años y el tercero ciego. Quizás sean estos los 3 sacerdotes a los que hace alusión el General Burdett O`Connor en sus Memorias; indicando en las mismas que 3 sacerdotes Franciscanos se habían ganado el cariño del pueblo de Tarija imposibilitándole así en 1826 cumplir con la orden recibida de “secularizar el convento” es decir poner un punto final a la labor que realizaban los clérigos franciscanos en la región. No se debe olvidar que para la mayoría de las huestes patriotas llegadas desde la Gran Colombia bajo las órdenes del Mariscal A. José de Sucre y algunos miembros de la naciente administración Republicana, los sacerdotes eran "leales súbditos" de la Corona española, esto se debe ya que al producirse el conflicto bélico independentista, la mayoría de los miembros del clero simpatizaban abiertamente con la causa de la corona Española.

Sin embargo los primeros años, poco y nada se hace por parte de las autoridades de la República por afianzar la soberanía en las fronteras lindantes con la llanura Chaqueña, este hecho fue incentivado por las nuevas autoridades locales donde entre sus prioridades no estaba la frontera del Chaco y no tenían interés en potenciar a los religiosos de dudosa lealtad al nuevo orden político. Sin embargo con la llegada de Andrés de Santa Cruz al poder se restauran algunas misiones, se crean otras y expande la presencia de los Franciscanos en el Chaco Tarijeño. A pesar de todo esta situación el Chaco era visto incluso durante la segunda mitad del siglo XIX por los nuevos dueños del poder político y también por los colonizadores que se lanzaban en búsqueda de dominar estas bastas llanuras como una tierra impenetrable y salvaje: "se perpetuó en el tiempo alimentada por los informes de cronistas viajeros expedicionarios y militares que se explayaron en sus relatos respecto de las dificultades que implicaba el arraigo en el desierto verde, denominación usada por entonces para distinguir a estas comarcas de los áridos territorios del sur” a pesar de tal panorama Tarija se expande a través de las haciendas y concesiones madereras a todo el territorio antes misional; lo que origina conflictos entre los pueblos originarios chaqueños y la administración departamental. La secularización de las misiones (1905) es la conclusión de ese proceso que quita todo derecho a los indígenas sobre la tierra y reduce a la acción eclesial a la circunscripción del templo.

Sin embargo es en este período que se desarrollo una suerte de “sistema educativo solidario” para con los habitantes primigenios del Chaco a quienes la escuela debía insistir, ante todo, en la enseñanza de la lengua materna, y secundariamente, del castellano, este sistema como una parte del proceso de la evangelización del Chaco tenía en los últimos años del siglo XIX su principal defensor en el R.P. Doroteo Giannecchini quien observaba cómo la lucha en contra de la escuela misional, que insistía en la lengua autóctona, escondía una pretensión de dominación de clases pudientes en contra de la entidad indígena.[3]

Más al sur de Caiza, el pueblo Chané del Itiyuru y Yacuiba.

Los chané tras migrar hacia el sur desde las llanuras amazónicas, se establecieron en los confines del Chaco, en ese lugar tuvieron que luchar con el paso del tiempo contra otras tribus, para el siglo XIX sus constantes luchas eran contra los Tobas. Los Chanés, llegaron a poblar un amplio territorio desde Sanandita hasta Caiza y el valle Caipependi en las orillas de los ríos Pilcomayo. Pero por las constantes agresiones que sufren por parte de los Tobas, deben migrar más al sur de Caiza, a la región del río Itiyuro que fue poblada por los chanés de Sanandita a finales del siglo XVIII[4] de hecho, de acuerdo al trabajo de Isabelle Combès (Combès:2007) la primera referencia inequívoca sobre la presencia de chanés en el Itiyuro data de 1800 en un escrito del padre franciscano Antonio de Comajuncosa, quien escribe que al sur de Itaú está Caraparí “y siguen las naciones de Chaneses y Mataguayos que distan cuarenta leguas, poco mas ó menos”; el mismo autor confirma la información diez años más tarde, cuando menciona el “pueblo bárbaro de Itiyuru de indios Chaneses”[5] en tal escenario es que llega el año de 1843 y la expedición que para Junio de aquel año emprende desde Tarija hacía el Chaco el Prefecto Rodríguez Magariños y se realiza la fundación de Caiza en un territorio habitado por Tobas y Chanés al sur. Rodríguez Magariños recorrió el curso del Pilcomayo río abajo, uno de los Capitanes de los chanés del Itiyuro es Parava (Paraguá ó Parawa según algunos textos) quien fue probablemente uno de los 17 jefes indígenas que se acercaron a Magariños el 14 de julio de 1843 y que obtuvó en esa fecha títulos de tierra o derechos de usufructo de su territorio que comprendía hasta la frontera de caiza y por el sur hasta el Itiyuro. Un año después, el 16 de julio de 1844, las cuentas del tesoro departamental de Tarija registran un pago de cinco pesos y cinco reales al “nuevo Capitán Grande de los Chaneses, nuestros aliados”; la suma corresponde a “un bastón puño de plata y dos y media varas bayeta fajuela nácar”. La entrega se hace “a nombre de su Excelencia el Presidente”. El 22 de agosto de 1846, se registra otro pago de un peso y dos reales “al Yndio Cacique Paraguá y ocho de sus súbditos”.

Para 1850 en la zona de Caiza vivian 1277 mestizos, por aquel tiempo tanto Caiza como la zona del actual emplazamiento de Yacuiba constituían para los Franciscanos una sóla jurisdicción parroquial, Caiza sobre todo estaba poblada entre otros por mestizos lIegados deYacuiba.[6] Poco después, en 1859, el primer mapa de Bolivia ubica a los “chaneses, indios aliados” en el Itiyuro y entre ambos camino a Caiza se encuentra un lugar denominado “Yacundo”.

Para 1860 una delgada línea segura unía Aguairenda con Tarairí; esta línea estaba obviamente muy cercana a los pueblos de los blancos y alejada de los pueblos originarios. Sin refuerzo del conjunto, no era posible mantener la unidad de las partes. El ensanchamiento era posible tan sólo hacia río abajo. La ocasión propicia se presentó porque Tarija quería ver flamear la bandera de Bolivia en aquellos parajes en contra de las pretensiones de Argentina. El Padre Giannelli renunció a la nominación de responsable y aceptó la de “Pacificador de los bárbaros del Chaco”. Entonces después de 1860 y hasta 1864 se consuma el despojo y apropiamiento de los territorios ancestrales del pueblo Chané en la zona conocida como Yacundo al norte del Itiyuro, el responsable de tales acciones fue un Teniente Coronel de la Guardia Nacional, llamado Cornelio Ríos, que desconociendo los derechos propietarios del pueblo Chané sobre la tierra entregada por Rodríguez Magariños quien les reconoce su propiedad en julio de 1843 de los Chané sobre un fertíl valle al sur de Caiza. Estas fechas coincidirían con la fundación según Cardús, Corrado, Jofré y Giannecchini de la Reducción de Yacuiba en 1860.

Pero está colonización sobre los territorios de los Chané llega todavía más al sur, de la naciente villa de Yacuiba llegando hasta un lugar donde existe un pueblo denominado por Bolivia como Tartagal, ya que para 1872 se producen intentos del Ejército Argentino de apoderarse de territorios reivindicados como parte de la soberanía territorial Boliviana; Manuel Otton Jofré desde la Villa de Caiza (Jefatura Superior, Política y Militar del Distrito Territorial del Gran Chaco Oriental) el 4 de junio de 1872 informa en un oficio dirigido al Ministro de Estado en el Despacho de Gobierno y Relaciones Exteriores de Bolivia lo siguiente: "...hasta dónde llegan las pretenciones de los jefes Argentinos, pues creen pertenecerles el pueblecito del Tartagal, fundado y poseido por bolivianos, y donde existe un Teniente de Cura, dependiente de esta Parroquia de Caiza, un Correjidor y un Comandante Militar..."[7] estás circunstancias y otras más sucedidas durante los siguientes meses de 1872 validaron que Augustin Morales hubiera creado en Marzo de 1872 el Distrito Territorial del Gran Chaco; acción que se dio el 30 de marzo de 1872 en el Art. 4 del citado Decreto de 30 de marzo de 1872 se determina que el Pueblo de Caiza, será por ahora la Capital del Distrito Territorial del Gran Chaco y la residencia oficial de la primera autoridad.

En 1876, es emitido por el Presidente Hilarion Daza el Decreto Supremo de 12 de Agosto de 1876 referido a la División Política del Departamento de Tarija, el Distrito Territoral de Gran Chaco se constituye así en la provincia de Gran Chaco confirmando a Caiza como su capital, “Provincia del Gran Chaco, con los cantones Caiza – Capital, Caraparí, Itaú, Yacuiba, Tartagal y las misiones de nueva fundación a la margen occidental del Pilcomayo” (Art. 1 Decreto Supremo de 12 de Agosto de 1876) recién mediante Ley de 19 de Octubre de 1880, se fija nueva delimitación para el Departamento de Tarija y sus provincias, en esta Ley Yacuiba se eleva a rango de capital de la Provincia Gran Chaco[8]. Para el año de 1883 la Subprefectura del Gran Chaco asentada ya en el pueblo de Yacuiba se ocupó de dar garantías para haciendas y vidas de los pobladores blancos “los criollos” de la región, y de fundar una “oficina en Caiza, con ramificaciones en Caraparí, Yacuiba y San Antonio para atender quejas de los pobladores; asimismo, la “organización de un piquete ambulante de ‘Columna de Colonias’, formada por hombres del lugar. Se le autorizó instalar ‘puestos’ en los parajes que fuesen de urgencia y que la organización de piquetes militares, por falta de fondos, podía recurrir a utilizar nativos [“civilizados”] sin goce de haberes, prometiendo el Gobierno procurar una suma de pesos para después”. Mientrás tanto está zona sigue creciendo tanto en importancia política, económica y poblacional. Figura constantemente en la cartografía oficial de finales del Siglo XIX y comienzos del siglo XX, además en la zona aledaña prolifera el negocio de la ganadería existen “un mil o más cabezas” de ganado por rancho en la zona: “…como en el caso de Rancho Partinanca cerca de Yacuiba, inventariado en 1899 con numeración de 1.225 cabezas de ganado…”[9]

En toda esta etapa la población Chané que habitó ancestralmente dicho territorio fue silenciada, aquí tiene marcada importancia el papel de los Franciscanos con su tarea de conquista espiritual de los “infieles”, quienes al evangelizar a los indígenas Chanés le arrebatan su historia y su identidad, por otro lado sin embargo durante la etapa señalada también los indígenas Chanés aceptan el bautismo y cambio de nombre como una forma de sobreviviencia en sus propios territorios que fueron apropiados por hacendados y colonizadores: “…La adopción del nombre parece haber respondido en este caso, entonces, a una estrategia voluntaria para facilitar las crecientes relaciones con el mundo de los karai, y en otros casos a un requisito forzado ó semiforzado por parte de los patrones de hacienda. Sin descartar de ningún modo el indudable influjo de los hacendados, los capataces y los dueños de los ingenios locales, en el norte de Salta se recuerda todavía que gran parte de los apellidos castellanos fueron impuestos por los misioneros franciscanos. Los religiosos impartian los nombres y apellidos de forma expeditiva: así, entre los Chané encontramos los habituales patronimicos "Segundo" ó "Tercero", e incluso varios casos en los cuales una mujer tiene el mismo apellido de soltera de su marido, pese a que se trata de familiares sólo por alianza…”[10]

No se debe olvidar que para la cultura Chané, adoptar un nombre constituye una cuestión importante: “…Se eligen los nombres de alguien estimado o de alguien prestigioso; en definitiva, de alguien que es valorado positivamente por la memoria familiar…”[11]

Es así que la cultura chané lleva inscriptas las marcas de sus múltiples interacciones históricas. No sorprende, entonces, que el sistema chamánico chané no sea hostil al cambio, sino que en todo momento mantenga un carácter abierto, no dogmático, maleable e integrador. En el presente la historia oral de los chané argentinos rememora las gestas de los guerreros legendarios que combatían a los invasores que llegaban desde Bolivia, para lo cual recurrían a un arsenal de conjuros llamados mbrae en castellano, secretos. Este chamanismo Chané, hace posible que ciertos espacios contengan una fuerte carga de “espiritualidad” uno de esos lugares es Yacundo, quizás por eso el interés por parte de los criollos de 1843 de garantizarles su propiedad sobre dichas tierras, ganándose así su lealtad en contra del adversario común “el toba” para los Chané los blancos ó karaí término que, dicho sea de paso, designaba antiguamente a los más poderosos chamanes, también llegan con sus amuletos “cruces” para imponerles sus nuevos dogmas. Unas décadas más tarde, la situación se mantiene, y los misioneros franciscanos de finales de siglo XIX observan que la imputación de las enfermedades entre los Chanés por ejemplo “a la brujería”. Entre los chané, la brujería sigue siendo un eslabón fundamental en la cadena causal que relaciona a determinado individuo con determinados acontecimientos. Este conjunto de creencias entre los Chanés hacia que vieran a la Cruz como un arma poderosa de los misioneros, y como tal fue adoptada por los indígenas. No veían en ella el símbolo de un nuevo dios, sino un tupicho, un instrumento mágico que servía para alcanzar metas bien concretas[12]

San Pedro, una Iglesia, un pueblo, un terremoto y el olvido.

Hasta este punto, hemos comprendido que los Chanés fueron un pueblo indígena que habito ancestralmente un espacio territorial que iba desde el Valle de Caiza hasta el Itiyuro; parte de sus territorios eran Yacundo; que los Chanés intentan en 1843 no permitir que los “Blancos” se apoderen de este terreno por sus implicaciones espirituales, pasando Yacundo “existía la tierra sin mal” y al otro lado de Yacundo estaba “el mundo de los espiritus malos”. Yacundo figura en el mapa de Bolivia de 1859 al sur de Caiza al norte del río de Itiyuro; para la década de 1860 Cornelio Rios decide desconocer los documentos que le dan a los Chanes y al Capitán Parava la propiedad sobre sus territorios, es decir el territorio ancestral de los Chane que hoy es conocido como “Yacuiba”. En ese lugar es donde los Franciscanos deciden fundar una iglesia.

En 1874 levantaron una pequeña capilla que depende directamente de la Parroquia de Caiza, la misma que fue destrozada por el terremoto de una intensidad de una intensidad de IX grados Mercalli ocurrido en la noche del 23 al 24 de septiembre del año 1887, que alarmó a los pobladores del lugar, nuevamente para 1886 se construyó en este pedazo de territorio arrebatado a la fuerza a los Chanés un oratorio, pero la intención de las autoridades es claramente la de construir una iglesia ya que desde 1883 Yacuiba es la Capital de la Provincia, es por tal motivo que durante la presidencia del Dr. Aniceto Arce, el congreso Nacional en la ciudad de Sucre sanciona una ley el 5 de Diciembre de 1888 y que luego es promulgada por el Presidente de la República el 8 de Diciembre de 1888 por la cual los diezmos y primicias del partido de Caiza, en la provincia del Gran Chaco, se destinan a la construcción de la iglesia de Yacuiba; debiendo hacerse el remate con sujeción a las leyes del caso. Esta concesión se otorga por cuatro años. Una junta compuesta del sub-prefecto, padre conversor y presidente de la junta municipal de Yacuiba, se encargará de la dirección de la obra y de la administración de los fondos adjudicados[13] en mayo de 1889, el Prefecto de misiones R.P. Sebastian Pifferi compró un sitio en Yacuiba para edificar una iglesia, que se retrasó en su construcción al no recibir, del Tesoro Departamental de Tarija, la partida que el Congreso de 1888 dictó para dicha obra, es por ese motivo que recién en 1892 con la llegada del Padre Rafael Paoli, miembro del Colegio de Propaganda FIDE de Tarija que se dará inicio a la obra, de tal manera que para 1893 se emprende la tarea de construir una Iglesia en Yacuiba.

En 1893 el P. Paoli ponía la primera piedra del nuevo templo, dedicándolo al príncipe de los Apóstoles San Pedro. Pero porque a San Pedro: En el Evangelio de San Mateo 16:13-20 Jesús declara: "Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia." Jesús fundó así una Iglesia; en Mateo 16:13-20 Jesús se dirigió a Simón Bar Jonás, uno de los que formarían parte de Sus doce apóstoles y Jesús le cambia el nombre por el de Pedro. El nombre de Pedro no aparece en ningún escrito de la antiguedad, hasta que Jesús se lo da a Simón. Pedro es un nombre propio que tomó de la palabra "Petras" que quiere decir "Roca" en griego. Existen en este idioma 7 palabras para definir piedra; cuando se aplica a Jesús se utiliza "Acroniagos" que quiere decir "Piedra Angular" y  Pedro significa "Roca Firme". Pedro es la única persona del Nuevo Testamento que recibe un nuevo nombre de parte de Jesús. En el Antiguo Testamento, cuando Dios va hacer un pacto con un hombre, le cambia de nombre y le da uno de acuerdo con la misión que va a realizar; como ejemplo tenemos a Abram, cuyo nombre fue cambiado por Abrahám que quiere decir "Padre de muchedumbres", ésa sería su misión, ser el padre en la fe de millones de hombres (cf. Gen 17: 4-8). Tenemos también a Jacob, cuyo nombre fue cambiado por el de Israel que quiere decir "Fuerza de Dios". Jesús reconoce en Simón, la fe sólida en la cual debía fundarse la Iglesia. Pero también, los Franciscanos conocedores de las tradiciones espirituales de los Chanés saben que Yacundo ó Yacuiba es el paso hacia “Tierra sin mal” entonces eso es lo que motivo a los Franciscanos encomendar su iglesia al “Guardian de las Puertas del Cielo” esta común asociación es recurrente a lo largo de la historia.

Este primer templo estaba ubicado en el centro del pueblo (Capital de la Provincia de Gran Chaco desde 1883) que durante los últimos 30 años había crecido significativamente, la construcción se da inicio así en 1893 usando materiales sólidos, grandes piedras, fuertes y largas vigas plantadas verticalmente y trabadas unas con otras de modo que sirvieran de sostén a las paredes de adobes (los adobes son gruesos ladrillos hechos de cualquier tierra mezclada con agua y paja secadas al sol. Generalmente son de 60 cm. de largo, 33 de ancho y 12 de espesor. Se coloca uno sobre el otro unidos por una capa de barro sin paja.) y pudieran resistir a las frecuentes sacudidas sísmicas; la fachada estaba hecha de ladrillo cocido; posteriormente, en los años 1895 y 1896, se construyó la casa parroquial, obra iniciada en 1895 y concluida para finales del año de 1896. Este templo tiene un largo de 35 metros y 8 de ancho. La casa parroquial tiene 30 metros, con las respectivas comodidades que competen a su calidad de templo de una capital de provincia. La construcción estuvo lista para ser habilitada al concluir el año de 1896. La suma que el P. Paoli gastó para construir desde sus fundamentos la iglesia y casa parroquial, ascendió a 12.000 bolivianos, equivalentes a 24000 liras italianas (de aquel tiempo). Los 12000 bolivianos han sido en su integridad aporte de la misma parroquia, limosna de piadosos benefactores bolivianos y argentinos y del mismo Gobierno y otras erogaciones voluntarias de devotos particulares. Además de realizar cuatro bazares, efecto de la dinamicidad, iniciativa y celo por la casa del Señor, cuya recaudación sería utilizada para culminar la obra comenzada, contribuyendo el mismo P. Paoli con su trabajo personal y también utilizando los recursos que producía esa parroquia.[14]



Al amanecer del 23 de marzo de 1899 un terremoto destruyo Yacuiba, la magnitud estimada fue de 6,4 en la escala de Richter, a una profundidad de 30 km; y de una intensidad de "grado VIII" en la escala de Mercalli. Después de esa catástrofe natural, los que más se esforzaron por reedificar Yacuiba fueron los padres Rafael Paoli y Manuel Lauroua y el conocido caballero don Jacinto Delfín, que fue dos veces diputado por el Chaco y jefe de las colonias en 1898. “…La población no es como se cree netamente tarijeña, es un pueblo cosmopolita, se han radicado personas de todos los departamentos de Bolivia y de todas las naciones del mundo…”[15]

Con la reconstrucción de la Iglesia[16] y del pueblo de Yacuiba, entonces llega el olvido definitivo, los Chané desaparecen del imaginario de los habitantes criollos de la región, para quienes a finales del Siglo XIX les causaba más pánico las noticias de las constantes correrías de los indígenas Tobas que lo que sucediese con los antiguos habitantes de Yacundo, nativos Chané. Quien descubre sin embargo la relación del pasado entre los Chané y el espacio territorial es Nordenskiöld, en 1908 quien descubre la relación del Capitán Chané Vocapoy y las reivindicaciones territoriales que sostienen a pesar del paso del tiempo por la recuperación de sus territorios ancestrales antes las autoridades de los “blancos” y es que en el pasado, los Capitanes vigilaban que nadie ingresara al territorio chané[17] los chané sostienen de forma muy explícita que el mandato «es hereditario», «de línea»; que no es «para cualquiera», que es un asunto «de sangre» e incluso « de raza »; y que, como consecuencia, los líderes deben pertenecer a los linajes tradicionales. El sentido de pertenencia o aun de cercanía genealógica a la élite es motivo de evidente orgullo.

Yacuiba, por entonces a comienzos del Siglo XX es un pueblo constituido, Nordenskiöld  lo describe así: “…El 18 de mayo, estábamos llegando a Yacuiba, un pueblo grande en la frontera entre Bolivia y Argentina. En la actualidad existe un lugar bastante decente, pero antes era un antro peligroso de los criminales, que escapaban hasta allí por temor a la policía argentina…”[18] para ese momento nadie recordaba el pasado que ligaba este territorio con el pueblo Chané, solamente los Chané lo recordaban y es que a muchos lugares se les otorgaban antiguamente los nombres de los jefes locales, en la actualidad parece que los referentes de la toponimia se deben más bien al recuerdo de sus gestas legendarias. La familia cacical es la que posee un conocimiento más articulado y consistente del territorio de varios miles de hectáreas que antes ocupaban los chané. No es menos decisiva la contribución del linaje cacical a la administración colectiva de la memoria y el tiempo. Uno de estos capitantes Chané, llamado Mocapoy[19], informante de Nordenskiöld a principios del siglo XX, parece haber sido un hábil diplomático, como su padre, se considera de estos indios para gobernar, puede ser extremadamente importante tener la lengua a su merced. Estas personas pueden apreciar la sabiduría superior a la resistencia. Mocapoy[20] también se ocupaba de vigilar el territorio “estaba en disputa con los blancos, que usurparon su país, y no podría gustar su idea, que eran sus inquilinos. Me pidió consejo, cómo podía conseguir el blanco de reconocer los derechos indígenas a la tierra.”(Nordenskiöld 1926:113), los Chanés en el pasado a cambio del respeto a su propiedad sobre la tierra de sus ancestros, los capitanes explotaban con maestría el juego de las alianzas, administrando la dinámica del parentesco para obtener ventajas políticas. Para ello apelaban a diversas estrategias, expandiendo o contrayendo los lazos de alianza según las conveniencias coyunturales; por eso habían pactado y defendido las líneas de aprovisionamiento de Rodríguez Magariños en 1843 contra los contingentes de tobas que las hostigaban, por desgracia, en las luchas de los blancos contra los indios casi siempre han luchado algunos jefes en el lado de los enemigos en contra de su propia tribu.

Antiguamente, entre los Chanés los entierros se realizaban en tinajas, los parientes se turnaban para sostener al cadáver sentado en el piso, con el torso apoyado sobre las piernas flexionadas, hasta que esta posición ganaba su eterna rigidez. A la mañana siguiente, se lo levantaba y se lo introducía en la tinaja, con los brazos alrededor de las piernas y la frente apoyada en las rodillas. Se enterraba al cadáver con el rostro mirando hacia el naciente. Esto debe ser puesto en relación con otras prácticas y creencias fúnebres. Según creen, existe una suerte de "escalera" para subir al cielo (ara), y las almas necesitan luz para descubrirla. El alma del muerto debía recibir la luz del sol para hallarla, por eso el rostro del cadáver miraba hacia el este. Si el cadáver era enterrado mirando hacia el poniente, el cual es considerado oscuro, el ecove no encontraba su camino, y dilataba penosamente su partida. Aún hoy, el cadáver suele ser enterrado descalzo, para que pueda subir esta escalera. Yacundo, el espacio que marcaba la entrada a “la tierra sin mal” era un lugar donde los Chanés enterraban a sus muertos todavía en la última década del siglo XX se encontraron durante trabajos de construcción y tendido de la red de agua potable varias vasijas fúnebres diseminadas en la zona que hoy ocupa Yacuiba, “Si Vocapoy, Maringay, Mandepora y algunos otros están en macetas de barro bajo las chozas, a continuación, el fin está cerca, a continuación, los indios no tienen más ley que la de los blancos, no hay otras autoridades, como sus gobernantes” (Nordenskiöld 1926)



Conclusión.

Es a partir de la década de 1840 que los chané comienzan a hacerse ver en los documentos. En aquel entonces ya eran considerados por las autoridades bolivianas como "antiguos pobladores" de la región, y de hecho llegaron a obtener la propiedad de su territorio. Sabemos que Mocopoy en 1908 "mantenia serias disputas con los blancos que habian usurpado su territorio y no adminitian la idea de que eran sólo sus arrendatarios", y que preguntaba al sueco Nordenskiöld "como podía hacer cambiar el punto de vista de los blancos para que aceptasen el derecho de los indios sobre la tierra". De aquellos años de comienzos del Siglo XX datan documentos como un Protocolo Notarial por el cual un capitán chané, llamado Guarumbake ("Guarrum Baque" en algunos documentos), realiza trámites para recuperar los títulos cedidos mucho tiempo antes por el Gobierno Boliviano (1843) a "su antecesor", el jefe Parava o Paragua, y luego cediendo en pago y vendiendo a título personal parte de los terrenos conseguidos acción que realiza en enero de 1905 vendiendo mediante notario la Estancia Campo de Durand y Aguaray a Fermino Barroso[21].

Al final en Yacuiba, se construyo una Iglesia pero en otra hubicación distinta a la de la década de 1890 y luego en los años 40 se levantaría nuevamente la Iglesía consagrada a San Pedro en el lugar original de la Iglesia destruida por el Terremoto de 1899. El año 1941 la Orden Franciscana confió el cuidado espiritual de Yacuiba a los Franciscanos de la Provincia de Roma, que atendían el norte de Argentina con sede en Salta, ellos fueron quienes construyeron el nuevo Templo entre 1942 y 1947, año este último en que fue consagrado por mérito del P. Felix Bruciaferri.

(*) El autor, es Comunicador Social y Escritor.

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Villar, Diego. Religiones omnívoras: El Chamanismo Chané y las relaciones interétnicas. Anthropologica V.25 N.25; Lima, diciembre de 2007



[1] Klauer, Alfonso. Descubrimiento y Conquista: En las garras del Imperio. Pág. 73
[2] Pág. 20 Gómez Mendoza, Manuel. Defensa de las misiones chaqueñas por el P. Antonio Comajuncosa ante el proyecto borbónico de desmembración propiciado por el Gobernador Intendente de Cochabamba Francisco de Viedma. Siglo XVIII.XI Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Tucumán, San Miguel de Tucumán. 2007
[3] Claros López, José Luis. Pioneros de la Educación en el Chaco Tarijeño. Yacuiba, junio de 2012
[4] Combés, Isabelle. Los Fugitivos Escondidos: Acerca del enigma Tapiete. Boletín del Instituto Frances de Estudios Andinos. 2008
[5] Combès, Isabelle. De sanandita al Itiyuro: Los Chanés, los Chiriguanos (¿y los tapietes?) al sur del Pilcomayo. Indiana, No. 24, Berlin, Alemania 2007
[6] Pág. 171 Saignes, Thierry. Historia del pueblo chiriguano. Plural Editores, Primera Edición. La Paz, Bolivia. Abril de 2007
[7] Pág. 56 Relaciones Exteriores Bolivia, Departamento. Memoria del Departamento de Relaciones Exteriores presentada a la Asamblea Ordinaria de 1872 por el Ministro del Ramo Ciudadano Casimiro Corral. Imprenta de "La Libertad" de Ezequiel Arzadum. La Paz, Bolivia. 1872
[8] Pág. 67 - 68 Claros López, José Luis. Historia de Yacuiba. 2009
[9] Pág. 68 Langer, Erick Detlef/Jackson, Roberth H. The New Latin American Mission History. University of Nebraska, 1995
[10] Pág. 52 Villar, Diego/Bossert, Federico. La onomástica Chané en clave etnográfica y comparativa. Acta Americana. Revista de la Sociedad Sueca de Americanistas. Vol. 12, No. 1, 2004
[11] Pág. 70 “…Sirviendo de puente entre las discontinuidades, la ideología que subyace a la nominación hace referencia a la escatología; problematiza -aunque implicitamente- la oscilación entre la ruptura y la continuidad propia de la relación entre el pasado y el presente, entre los vivos y los muertos; ó, en otras palabras, la nominación parece esclarecer distintas maneras de percibir, vivir y pensar la continuidad social…” Villar, Diego/Bossert, Federico. La onomástica Chané en clave etnográfica y comparativa. Acta Americana. Revista de la Sociedad Sueca de Americanistas. Vol. 12, No. 1, 2004
[12] Villar, Diego. Religiones omnívoras: El Chamanismo Chané y las relaciones interétnicas. Anthropologica V.25 N.25; Lima, diciembre de 2007
[13] Claros López, José Luis. El aporte de Caiza para la construcción de la Iglesia de Yacuiba. Julio, 2012
[14] GIANNECCHINI, Dorotéo/MASCIO, Vicenzo. Álbum Fotográfico de las Misiones Franciscanas en la República de Bolivia, a cargo de los Colegios Apostólicos de Tarija y Potosí. Talleres Gráficos de Industrias Offset color S.R.L. La Paz - Bolivia. 1995.
[15] Ávila Castellanos, Roberto R. Huellas del Chaco.
[16] Pasado el terremoto, una habitación de la casona de la familia Garrabulí, es donde se celebraba periódicamente la Santa Misa que estaba a cargo de los padres de la comunidad de Aguairenda; posteriormente el señor Nicanor Zenteno, terrateniente en ese entonces de Caiza, donó tierra en el año 1902 para convertirlo en oratorio (que se encontraba ubicado en la que es ahora la plazuela Magariños) en este terreno se construyó un galpón de adobe y techo de tejas, de 15 metros de largo por 6 de ancho, donde se ofició las misas por muchos años. Durante la Guerra del Chaco este lugar también sirvió para almacenar los víveres destinados a los combatientes; los fieles escuchaban la misa rodeados de bolsas de harina, arroz, azúcar y otros que se amontonaban en un rincón de tres metros de ancho que daba hasta el altar. El padre Félix Brucciaferri, emprendió la construcción del nuevo templo (el que se tiene en la actualidad), en el mismo lugar donde estaba situada la iglesia destruida por el sismo; cuando se procedió a colocar los cimientos del edifico, se descubrieron objetos sepultados durante el desastre ocurrido décadas atrás, como la aparición de monedas, rosarios, imágenes y los más importante (considerado milagroso) fue el hallazgo de la imagen de San Pedro apóstol intacta. Al construir la actual iglesia, el oratorio pasó a ser carpintería del señor Hilarión Zenteno, posteriormente terminó siendo derrumbada en el año 1.952.
[17] Con el mismo argumento se explican las victorias militares sobre los chiriguano que invadían sus tierras desde Bolivia: antes tenían « caciques en serio ».
[18] Pág. 18 Nordenskiöld, Erland. Indianliv i El Gran Chaco (Syd-Ameria). Stockholm, 1926.
[19] Combés, Isabelle/Villar, Diego. Aristocracias Chané. "Casas" en el Chaco Argentino y Boliviano. Journal de la Société des Américanistes. 2004
[20] Pese a que existen datos etnohistóricos que indican que Mocapoy se apellidaba Cardozo, a diferencia de los últimos caciques que se llaman Centeno, o que los distintos líderes de la dinastia procedian de diferentes sitios, el punto es que los Chané han preferido representar la sucesión de sus caciques como un grupo de afiliación unilineal ininterrumpida y directa, que se remonta hasta el mítico Cochou -en una palabra, como un "linaje" en el sentido clásico, con lo cual volvemos a la antigua hipótesis de Nordeskiold.
[21] PROTOCOLO NOTARIAL, ESCRIBANO DAVID GUDIÑO, ENERO DE 1905, FOLIOS 17-20; ABHS PROTOCOLO NOTARIAL ESCRIBANO DAVID GUDIÑO, OCTUBRE DE 1906, FOLIOS 443-480; AHS JUSTICIA CIVIL, CAJA NRO. 5, 1910, EXPTE. 863 "POSESIÓN DE LA ESTANCIA CAMPO DE DURAND Y AGUARAY DE FERMINO BARROSO"

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