martes, 21 de diciembre de 2010 10:16

Caparai un cuento por José Luis Claros López

Caparai

José Luis Claros López



Aquella tarde del mes de diciembre con paciencia y ternura ella intentaba que su nieto aprendiera a escribir, mientras al principio el nieto borronea y mal dibuja una y otra vez la letra A ella sonríe y su mano entonces sostiene la pequeña mano del niño para guiarle y con calma y paciencia sobre una hoja de papel van trazando con el lápiz la letra A. Con el paso del tiempo el niño recordaría las palabras de su abuela que le explicaba que las palabras escritas pueden sobrevivir al tiempo de quien las escribió y que la letra A es muy importante porque es la primera letra con la que se puede formar una palabra con un gran significado, esa palabra es la palabra amor.



Muchos años antes, de aquella tarde de diciembre un viejo camión FORD va traqueteando por el camino de ingreso al pueblo, a pesar del incomodo y constante movimiento ella duerme sin sobresaltos abrazada a su madre, es muy temprano cerca de las cuatro y treinta de la mañana y conforme se va reduciendo la velocidad ella fue abriendo los ojos y puede sentir el frío de las primeras horas de un día de invierno que no impide que los perros se despierten y comiencen a ladrar al paso del camión, se puede también escuchar a una distancia corta el canto de un gallo, ella sin embargo con el paso del tiempo olvidara muchas cosas que sucedieron aquella madrugada olvidara por ejemplo al viejo italiano que paso lentamente a su lado montando una bicicleta a las seis de la mañana ofreciendo pan de maíz que llevaba en una cesta grande, también olvidaría el sabor salado de la sopa de gallina que almorzaron ella y su madre en el mercadito del pueblo, olvidaría también el sabor dulce de un mate que le invitaron al caer la tarde a su madre y a ella un señor de origen libanés quien a la puerta de su casa preparaba cupis para su cena, ni siquiera recordaría el sonido de las campanas de la iglesia llamando a rezar el ángelus. Lo que nunca olvidaría ella de aquella mañana y que la impresiono bastante fue que al abrir sus ojos vio por primera vez una solitaria bombilla de amarillenta luz eléctrica encendida que estaba sostenida de un cable a la entrada de una casa de paredes blancas. La luz en el pueblo era provista desde hacia algunos años por una vieja usina de fabricación alemana que se apagaba puntualmente durante seis horas a partir de las nueve de la noche dejando a todo el pueblo de nuevo en la oscuridad sin embargo esto era necesario para que el motor de considerables dimensiones de la usina descansara luego lo volvían a encender a las cuatro de la mañana.



Después de haber caminado durante todo el día buscando donde pasar la noche, su madre y ella se durmieron sobre un colchón de paja en un cuarto pequeño de paredes de adobe, la madrugada siguiente llego el circo al pueblo.



La llegada del circo fue recibida con alegría, habían pasado trece años desde la primera vez que un circo encontró aquel camino que llegaba a la plaza del pueblo, con el espectáculo de los payasos, la magia de un mago que sacaba monedas de las orejas del público y conejos de una caja azul, con la salida de los payasos y antes de la entrada de dos acróbatas que montando un caballo blanco realizaban asombrosas coreografías, ingresaban al escenario tres mimos uno de los mimos era un pequeño niño de siete años.



El circo regresaría en la segunda semana de febrero al pueblo cada año a partir de aquel año, con el paso del tiempo el pequeño mimo fue creciendo un día caminando reconoció sentada en una banca de la plaza a una de las jóvenes que asistía a las funciones del circo; se acerco a ella que solitaria permanecía concentrada leyendo un libro sentada en la banca protegida por la sombra de un árbol grande de lapacho de flores amarillas, el joven mimo se acerco a ella y trato de iniciar una conversación sin embargo ella no parecía interesada en conversar con él entonces recordando el acto de uno de los payasos recogió tres piedras del piso y comenzó a realizar un acto de payaseria intentando que la joven se interesara en iniciar una conversación con él, concentrado en realizar el acto y mirar de reojo a la joven, comenzó a caminar mientras continuaba jugando con las piedras imitando el acto del payaso y tarareando una de las músicas del circo que se utilizaban para este tipo de actos, entonces sin querer tropezó y cayo al piso dos de las piedras golpearon su cabeza pero a él no le importo ni sintió dolor porque al final en ese instante pudo escuchar la risa de la joven que se acerco entonces a él y le ayudo a levantarse del suelo sin dejar de reír, aquella mañana en Caparai ambos sin saberlo habían despertado y luego de realizado las cosas cotidianas que acostumbraban a realizar con cada mañana pudieron encontrarse sin haberse buscado.



Ese fue suficiente para que se comenzara a escribir una historia de amor, con cada catorce de febrero la llegada del circo para ella era también la llegada de su amor esperado. Una noche horas antes de la partida del circo él pregunto si ella estaba dispuesta a quedarse con él para siempre, ella respondió con una simple palabra de dos letras… le dijo sí, ella entonces le pregunto si él estaba dispuesto a quedarse en Caparai a su lado… el respondió con una simple palabra de dos letras… le dijo no. Ella se quedo en silencio y entonces él le pregunto si ella estaría dispuesta a partir a la mañana siguiente acompañándole y ella le dijo que prefería quedarse y esperarle el tiempo que sea necesario hasta que llegue un día cuando él comprendiera que ambos podían ser felices viviendo juntos en aquel lugar.



El siguiente año el circo ya no llego al pueblo y nunca más llegaría nueve meses después de la partida del circo nació el niño pero un día su madre decidió ir a buscar el camino que siguió el circo hasta encontrar al padre de su hijo, dejo al niño al cuidado de su abuela años después una tarde del mes de diciembre con paciencia y ternura ella intentaba que su nieto aprendiera a escribir, mientras al principio el nieto borronea y mal dibuja una y otra vez la letra A ella sonríe y su mano entonces sostiene la pequeña mano del niño para guiarle y con calma y paciencia sobre una hoja de papel van trazando con el lápiz la letra A. Con el paso del tiempo el niño recordaría las palabras de su abuela que le explicaba que las palabras escritas pueden sobrevivir al tiempo de quien las escribió y que la letra A es muy importante porque es la primera letra con la que se puede formar una palabra con un gran significado, esa palabra es la palabra amor.

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