jueves, 8 de agosto de 2013 1:32

LA FRONTERA EN LA INVENCIÓN DE UNA VESTIMENTA EN LA CONSTRUCCIÓN IDENTITARIA DE LOS CRIOLLOS EN EL CHACO TARIJEÑO por José Luis Claros López


LA FRONTERA EN LA INVENCIÓN DE UNA VESTIMENTA EN LA CONSTRUCCIÓN IDENTITARIA DE LOS CRIOLLOS EN EL CHACO TARIJEÑO.
Por José Luis Claros López

Introducción.

Los habitantes del Chaco Tarijeño por su evidente situación de pobladores de una región geográfica de frontera recibieron para la construcción de su identidad no solo influencia del otro lado de la frontera durante la primera mitad del siglo XX sino también del interior de la nación Boliviana esto sobre todo en lo cultural y por ese motivo no se debe caer en la negación de toda vinculación con la cultura del norte Argentino, porque hacerlo es caer en un error y una suerte de negación voluntaria de la esencia misma del Chaco como un lugar de encuentro. En todo caso la construcción identitaria de un segmento poblacional del Chaco Tarijeño que se reconoce como “Criollo” pasa por la invención de una vestimenta que lo diferencia y lo identifique como un habitante de la llanura Chaqueña, sobre todo en su relación con los pueblos del interior de la nación Boliviana. Es una invención la vestimenta del Criollo en el Chaco Tarijeño, por ser el resultado del encuentro cultural y haber sufrido evoluciones a partir de finales de la década del setenta ya que al comprender que la vestimenta o el estilo corporal definen en realidad quienes somos como resultado de nuestras decisiones vestimentarias en un espacio territorial o un estadio histórico. Si intentáramos hacer un rastreo de esta situación encontraríamos que en el caso especifico del habitante del Chaco Tarijeño no siempre fue así y que la forma en que creemos hallar la verdad íntima del otro a través de la interpretación de sus maneras más externas (en este caso su manera de vestir), es una condición heredada de un tiempo precedente como muchos de los valores que rigen la actualidad de cualquier sociedad.[1]

Es importante comprender que desde el siglo XIX en el espacio territorial del Chaco Tarijeño, conviven por un lado los descendientes de los pueblos indígenas que fueron asimilados en la nación Chiriguana y en otras identidades desperdigadas a lo largo de la llanura chaqueña y por el otro lado los descendientes de los “colonizadores” que después se autodenominaran a lo largo del siglo XX como “criollos” y que son en su gran mayoría descendientes de Tarijeños. A este proceso de conformación poblacional diversa se debe agregar también la presencia de la migración europea que se produce a lo largo del siglo XX como consecuencia de las situaciones de conflicto y de crisis económica que afecto al continente europeo.

El espacio territorial del Chaco Tarijeño con relación a su condición de frontera hasta el presente fue un espacio donde la movilidad es constante. Si bien es cierto que la frontera es una categoría de espacio temporal que al establecerse como un territorio, con un límite opera como sistema de alcance diferencial con respecto al vecino. Eso en el caso del Chaco Tarijeño es la causal para que su población que no se define como descendiente de indígena procure apropiarse, material o simbólicamente, de una identidad y llegado el momento incluso el inventar una identidad y reinventarla después.

El momento de la creación identitaria del Criollo en el Chaco Tarijeño.

Es a partir de los procesos migratorios de finales del Siglo XIX y comienzos del siglo XX cuando notoriamente se incrementaron la movilidad entre Bolivia y las provincias del norte de Argentina de 6607 migrantes en 1895 a 16916 migrantes en 1914[2] que si bien es cierto fue por diversos factores; es claro que un porcentaje de dicha migración boliviana comienza un proceso de asimilación cultural e incluso deciden no retornar a su país de origen. Pero es en realidad en el estadio histórico de la primera mitad del siglo XX que los habitantes del Chaco Tarijeño comienzan a crear en el imaginario colectivo una identidad que los diferencie como habitantes de la llanura en su relación tanto con el interior de la nación Boliviana pero por sobre todo con el valle de Tarija.

Es a partir de la Guerra del Chaco que la construcción identitaria de los habitantes del Chaco Tarijeño cobra mayor necesidad, sobre todo por parte de la elite rural que tenia mayores privilegios e influencia sobre todo en su relación con los delegados provenientes de Tarija que trabajaban en la administración pública, incluso más que la naciente burguesía comercial asentada en el ámbito urbano y que por su origen extranjero y no nacional no se sienten propios del lugar y consideran su permanencia en el Chaco como algo coyuntural. La utilización del término: “criollo”[3] no es nueva en Latinoamérica; ya que Criollo, es un americanismo que se empleó desde la época de la colonización de América aplicándolo a los nacidos en el continente americano, del país, pero con un origen europeo. En el Chaco Tarijeño, al igual que sucediese en el resto de la América Española durante el siglo XVIII los habitantes que se autodenominan como “criollos” controlan la propiedad agraria y adquieren con esto un gran poder económico y una gran consideración social. Pero no se sienten dueños del poder político. Esta situación con el paso sucedáneo del tiempo cambiaría.

En el ámbito rural del Chaco Tarijeño, la utilización del término: “criollo” por parte de los habitantes del campo y luego también de sus descendientes que viven en los centros urbanos de Yacuiba, Carapari y Villa Montes comienza recién de acuerdo a los testimonios orales recién en la década del 40 y comienzos de la década del 50. Antes de eso las referencias a estos habitantes sin importar el lugar de su procedencia es solo la de “colonos”. Es importante su aporte durante los años del conflicto ya que a diferencia de los guías indígenas, los colonos se reconocen como parte de la nación Boliviana.  

Es así como los que se autodenominan “criollos” son en realidad los descendientes de “colonos” (habitantes provenientes en su mayoría del Valle de Tarija, como también de la provincia de Camargo y otras del interior de la nación Boliviana) que llegaron de forma voluntaria a los primeros asentamientos en la zona próximas al actual Caraparí y a partir de la década del 40 del siglo XIX al valle de Caiza, también existen los registros de asentamientos no voluntarios (a la fuerza) como se da en el caso de la construcción y posterior poblamiento de Villa Rodrigo (Caiza) por parte de prisioneros de guerra peruanos (1843)[4] y no será hasta después de 1905 que dé comienzo a un incremento del poblamiento de la zona de Villa Montes.

Elementos de la construcción identitaria del Criollo en el Chaco Tarijeño.

Los elementos evidentes en la construcción identitaria son el folklore musical de la región del Chaco Tarijeño, que en uno de sus casos más conocidos: la Chacarera; es indudable su popularización entre los hacendados del campo y a partir de la segunda mitad del siglo XX entre los habitantes de los centros urbanos pero no es una danza propia sino uno de los elementos que forman parte de la construcción de la identidad cultural del criollo en el Chaco Tarijeño, sin lugar a dudas fue como resultado del flujo comercial con las provincias del norte argentino que la Chacarera comienza su asimilación en el imaginario de los habitantes del Chaco, adquiriendo algunas modificaciones coreográficas durante la danza. La chacarera para el criollo del Chaco Tarijeño como toda danza ha dejado de ser un ente cantado y coreográfico, para pasar a ser un todo poético y verbal[5]. Pero no solo es la danza, existen otros elementos necesarios en esta construcción identitaria del criollo en el Chaco Tarijeño lo constituyen los instrumentos musicales como el violín[6] cuya procedencia es el valle central de Tarija, en la frontera del Chaco Tarijeño como lo es en la frontera del Bermejo las influencias folklóricas del Valle Central de igual modo son notorias, como lo es aquello que cruza la frontera desde el vecino país (Argentina).[7] No se puede concebir una chacarera sin la utilización de un violín. La danza y la música llegan con la fiesta, sea esta las sociales o las religiosas en el mundo rural las fiestas religiosas no solo se las vivía con la solemnidad de los actos litúrgicos sino también finalizados los mismos comenzaban la exteriorización de los sentimientos de felicidad y alegría con el ritmo de la música y la interpretación de una chacarera. Es evidente que las primeras chacareras eran solo instrumentales (violín y bombo), hasta que comenzaron con el tiempo a incluirles un acompañamiento poético, es así que la narrativa musical se transforma en un testimonio oral necesario en la investigación de las características de la construcción identitaria del criollo en el Chaco Tarijeño, esto sobre todo a partir de 1969 con la grabación de “Pasacana” por el dúo del Pasacanal. Dos canciones son emblemáticas para esta etapa: “La Parreñita” que es una tonada y la “Flor de Pasacana” una chacarera interpretadas por Fortunato Gallardo en el violín y Alberto Choque en el bombo (dúo del Pasacanal). A partir de aquel momento la narrativa musical cobra fuerza contando la querencia que no es otra cosa que el amor por la tierra y las costumbres del hombre y la mujer del campo (autodenominados como criollos) que marcan la diferencia con los otros que vienen de afuera.

Invención de una vestimenta en la construcción identitaria del criollo en el Chaco Tarijeño.

Es también a partir de finales de la década del 70 que se produce un cambio significativo con la evolución en la vestimenta identitaria del criollo en el Chaco Tarijeño; no existen registros fotográficos anteriores a esta década que demuestren que los hacendados y demás población que se autodenomina “criolla” utilizase un sombrero de cuero con un dobles, si bien es cierto que existen remembranzas orales sobre la utilización de dicho sombrero en las labores del campo pero dichas remembranzas orales pueden ser fácilmente identificadas en un estadio histórico entre 1960 y 1970 no así en otros momentos, por consiguiente era normal y hasta propio de la identidad del criollo hasta antes de finales de la década del 70 y comienzos de la década del 80 que adquieran y utilicen sombreros de paño casi siempre en comercios del norte argentino. También era parte de las características de la indumentaria del criollo la utilización de un saco y un corbatín, pero lo más notorio era el pantalón ancho ya sus mayores se vestían por lo cual sentían orgullo de usar un sombrero de paña, poncho de color caqui y estar bien trajeados. La evidencia fotográfica sobre todo la existente en la colección: “Yacuiba de antaño”[8] y otros documentos gráficos demuestran que por ejemplo dichos pantalones abombachados de diseño sobrio son utilizados de forma permanente por el hombre del campo incluso antes de que se produjese la Guerra del Chaco (ver fotografía fechada en agosto 1931). Pero aquí se da la primera invención, en 1969 el Dúo del Pasacanal utilizaba la indumentaria de acuerdo a las características de la construcción identitaria del criollo hasta ese estadio histórico, pero se sucedió lo siguiente: al alejarse de la frontera y entrar en contacto con el interior de la nación boliviana, se los identificaba como si fueran extranjeros y promocionasen tanto la música como la indumentaria del norte argentino: “del gaucho”.


Fotografía: 15 de agosto de 1931, El Palmar. Fortunato Aré con su esposa María Manuela Márquez. (Nótese los detalles de la indumentaria: Pantalón abombachado, cinturón ancho y las botas altas hasta las rodillas).

Esto es resultado lógico de su condición de frontera, el criollo durante más de 50 años había estado construyendo una identidad que poseía similitudes en lo que se refiere a la indumentaria como lo podemos notar al comparar esta vestimenta con la vestimenta de quienes interpretan la danza de la chacarera en el dibujo titulado: “La Chacarera” de Aurora de Prieto (1947) que representa la danza de la chacarera interpretada por dos bailarines argentinos y que forma parte de las ilustraciones del libro: “Danzas Argentinas”[9].

La Chacarera de Aurora de Prieto

Pero son notorias las diferencias: El criollo del Chaco Tarijeño utilizaba botas altas y no así bajas como es lo común al otro lado de la frontera, el pantalón también es más ancho. En 1977 cuando los Canarios del Chaco, consiguen participar exitosamente del IV Festival Folklórico Nacional de la Canción Estudiantil utilizan una indumentaria que les permite asumir una identidad que no sea confundida por el jurado como “gauchos”. Se produce uno de los primeros registros fotográficos de un sombrero de cuero con un dobles como un símbolo que comienza desde ese momento a ser parte de la construcción identitaria del criollo, pero también se puede evidenciar la utilización de ponchos con los colores comúnmente utilizados en el Valle Central de Tarija y ya conocidos en el interior del país y fácilmente asociados al sur de Bolivia, además de camisas blancas acompañadas de corbatines rojos. Ya que sucedió que hasta 1994 en el Chaco Tarijeño era normal y oficial para los actos cívicos la utilización de la bandera de Tarija, la bandera Verde y Blanco no será declarada símbolo regional hasta ese año.

Los Canarios del Chaco, a lo largo de su trayectoria musical y de sus registros fotográficos evidencian la utilización de la indumentaria de gala que incluía un sombrero de paño, colores caquis en la ropa y sobre todo un poncho que difiere bastante del poncho salteño pero con un cierto grado de proximidad al poncho jujeño que igual que el poncho del Chaco Tarijeño se confunde con el color de la tierra. Es importante, señalar que aquí surge uno de los símbolos más reconocidos del Chaco Tarijeño. El sombrero y también la invención o asimilación en el imaginario del resto de la nación boliviana que un poncho rojo con una delgada franja negra conocido como el “poncho salteño”[10] fuese propio del sur de Bolivia. Es a partir de 2011 que cantautores Yacuibeños como Luchin Zeballos comienzan a revalorizar el poncho color tierra, utilizado por los criollos del Chaco Tarijeño durante las primeras décadas del siglo XX. Esta revalorización surge como una respuesta de la exagerada modificación de la vestimenta sobre todo de quienes interpretan expresiones artísticas como la danza de la chacarera tanto en la misma región del Chaco Tarijeño como en el interior de la nación Boliviana.
Fotografías de los “Canarios del Chaco” utilizando vestimenta identitaria del criollo del Chaco Tarijeño.

Sin embargo en la narrativa poético-musical consolida como símbolo del chaco más que del criollo al sombrero: “…Poco importa que la suela sea de vaca o de novillo lo que importa es que el sombrero sea chaqueño y tenga brillo. […] Pero mucho más lo quiero porque es como un distintivo de este Chaco tan precioso donde yo tranquilo vivo…” (Pelicelli, 1996)[11] la popularidad del tema es uno de los factores que influyen en la desvalorización del sombrero de paño y que se imponga el sombrero de cuero como un símbolo en la construcción identitaria del criollo del Chaco Tarijeño. La narrativa poético-musical también nos va guiando por ese choque cotidiano que representa la convivencia de lo rural y lo citadino: “…Me gusta verme en el barrio donde me vieron crecer el trompo y las bolillas jugando hasta al anochecer […] ojos llenos de querencias violines dentro del ser…” (Cuellar, 1999). Una cotidianidad que ya evidentemente se encontraba bastante alejada de la realidad con la cual se conocía los territorios del Chaco como un lugar donde “…no existe el concepto de Patria y el cuatrerismo está asolando las estancias…”[12] un pensamiento generalizado en 1904 en la capital del departamento y también en el interior de la nación Boliviana era pues que la región del Chaco Tarijeño, carecía de una identidad propia y era más bien una tierra asolada por diversas calamidades a la vez que por sus condiciones naturales era un espacio territorial de difícil asentamiento para los pobladores provenientes del interior.

Conclusión.

Ser frontera es la razón por la cual existen similitudes con la cultura del norte argentino, lo cual no signifique una aculturación sino más bien contribuye con algunos elementos en la construcción identitaria del criollo en el Chaco Tarijeño.
   
La evidencia fotográfica custodiada en la colección “Yacuiba de antaño” que constituye la muestra de la vida social del campo y de la ciudad en los cien años del siglo XX son la prueba de que no existió hasta finales de la década del 70 y comienzos de los 80 una indumentaria definitiva que sea identitaria del criollo del Chaco Tarijeño, desde 2011 surge tanto en los intérpretes de música criolla, la búsqueda de nuevos símbolos que los diferencien de los otros músicos e intérpretes de chacarera del norte argentino, lo que da lugar a una revalorización de la indumentaria característica del criollo de los primeros cincuenta años del siglo XX.

Tanto la narrativa musical, como el texto poético compilado y publicado por sus autores recién a partir de la década del ochenta describen con simples alusiones la vestimenta del criollo, pero si nos dan una visión de la laboriosa vida del campo. Es indudable que la vestimenta es una tarjeta de presentación que pone en evidencia no solo una distinción de clase u oficio, sino nuestras más profundas aspiraciones.[13] En ese entendido la vestimenta de los criollos del Chaco Tarijeño buscaba desde 1900 el poseer características particulares que marquen una condición identitaria.


Bibliografía.

ARZE AGUIRRE, René. El silencio no me dejaba dormir: Entrevista a don Mario Estenssoro. Revista Ciencia y Cultura. Nro. 11 La Paz, Diciembre de 2002
BARRIOS BUENO, Luis Carlos. Leocadio Trigo. Sociedad Científica de Estudiantes de Derecho, Tarija. 2008
CLAROS LÓPEZ, José Luis. Apuntes sobre la fundación de Caiza: Los prisioneros peruanos en su desarrollo. La Columna de Jose. Periódico El Chaqueño. Yacuiba, edición de 9 de julio de 2012.
DE PIETRO, Aurora/CASTILLO, Cátulo. Danzas Argentinas. Editorial Peuser. Buenos Aires, 1947.
DOMENECH, Hervé/CELTON, Dora/ARZE, Hugo/HAMELIN, Philippe. Movilidad y Procesos Migratorios en el espacio de Frontera Argentino-Boliviana. IRD – UAJMS.
FERNÁNDEZ SILVA, Claudia. El vestuario como identidad, del gesto personal al colectivo. Conferencia dictada en la 8va Jornada Académica de Diseño Industrial “las personas y los diseñadores una buena sociedad” en Abril 28 de 2010. Universidad Pontificia Bolivariana
JEREZ, Omar. Ciudad, identidades, y fronteras. Universidad Nacional de Jujuy, Argentina/CONICET. 2002.
PELICELLI, Oliverio. Mi sombrero Chaqueño. 1996

  




[1] Fernández Silva, Claudia. El vestuario como identidad, del gesto personal al colectivo. Conferencia dictada en la 8va Jornada Académica de Diseño Industrial “las personas y los diseñadores una buena sociedad” en Abril 28 de 2010. Universidad Pontificia Bolivariana.
[2] Pág. 56 Domenech, Hervé/Celton, Dora/Arze, Hugo/Hamelin, Philippe. Movilidad y Procesos Migratorios en el espacio de Frontera Argentino-Boliviana. UAJMS
[3] Criollo es una palabra que deriva del verbo "criar", un criollo es alguien que se ha criado en un determinado territorio.

[4] Pág. 3 Claros López, José Luis. Apuntes sobre la fundación de Caiza: Los prisioneros peruanos en su desarrollo. La Columna de Jose. Periódico El Chaqueño. Yacuiba, edición de 9 de julio de 2012. Así sucedió que algunos de los prisioneros de guerra tomados luego de la Batalla de Ingavi llegaron al Chaco Tarijeño en 1843.
[5] De Pietro, Aurora/Castillo, Cátulo. Danzas Argentinas. Editorial Peuser. Buenos Aires, 1947
[6] “…Mi padre fue abogado y ejerció su profesión hasta los 90 años como Presidente de la Corte Superior del Distrito de Tarija, pero era esencialmente un músico. Aparte del piano cultivaba otros instrumentos, formaba parte de una especie de filarmónica; mi tío lo mismo, era otro músico que tocaba violín, de manera que aunque ellos tuvieran unos antecesores de diversas actividades, la música constituyó un motivo esencial de expresión espiritual o artística…” ARZE AGUIRRE, René. El silencio no me dejaba dormir: Entrevista a don Mario Estenssoro. Revista Ciencia y Cultura. Nro. 11 La Paz, Diciembre de 2002
[7] Jerez, Omar. Ciudad, identidades, y fronteras. Universidad Nacional de Jujuy, Argentina/CONICET. 2002.
[8] Colección Fotográfica “Yacuiba de antaño”. Propiedad del Gobierno Autónomo Municipal de Yacuiba.
[9] De Pietro, Aurora/Castillo, Cátulo. Danzas Argentinas. Editorial Peuser. Buenos Aires, 1947
[10] Durante la guerra gaucha de la segunda década del siglo XIX, los soldados del general Martín Miguel de Güemes, llamados "Los infernales", vestían un poncho rojo durante el combate. Tras la muerte de Güemes en combate, se agregaron las dos franjas negras en señal de luto.
[11] “Mi sombrero Chaqueño” Canción Letra y música de Oliverio Pelicelli. Interpretada por Juan Enrique Jurado en 1996.
[12] Pág. 2 Barrios Bueno, Luis Carlos. Leocadio Trigo. Sociedad Científica de Estudiantes de Derecho, Tarija. 2008
[13] Fernández Silva, Claudia. El vestuario como identidad, del gesto personal al colectivo. Conferencia dictada en la 8va Jornada Académica de Diseño Industrial “las personas y los diseñadores una buena sociedad” en Abril 28 de 2010. Universidad Pontificia Bolivariana.

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