martes, 4 de octubre de 2016 3:59

La Columna de Jose: EL INCENDIO DEL MERCADO CAMPESINO EN YACUIBA



La Columna de Jose (*)
EL INCENDIO DEL MERCADO CAMPESINO EN YACUIBA

El 8 de julio de 2014 Marcial Rengifo realizaba en Yacuiba la presentación de los carros bomberos adquiridos en su gestión, e implementó el proyecto: Fortalecimiento al Comando de Frontera Policial Unidad de Bomberos – Yacuiba, con el objetivo de brindar una respuesta oportuna a la población, para llamadas de emergencia por motivo de incendios en 15 minutos, como tiempo promedio de respuesta, durante las 24 horas del día y los 365 días del año. A comienzo de la década de los años 90 Yacuiba carecía de una estación de bomberos, una noche trágica una vela produjo un incendio de magnitudes que arraso rápidamente con un precario e improvisado espacio comercial instalado en predios de la empresa de Ferrocarriles donde cientos de vendedores habían instalado precarias casetas para la venta mayoritaria de ropa. Después de aquel incendio se produjeron otros incendios en Yacuiba, cada nuevo incendio hacia renacer los pedidos de que se invierta en comprar un carro bombero y así pasaron los años, los meses y los días… La noche del 3 de octubre de 2016, será una noche que muchas familias Yacuibeñas recordaran con profundo pesar deseando borrarla de su memoria, aún no se sabe con certeza que produjo que se inicie un incendio que durante varias horas fue imparable, al final el “Mercado Campesino” de Yacuiba que abarca toda un manzano fue consumido por las llamas, hasta los panes y las verduras ardieron, el fuego arrasaba todo a su paso al punto que las columnas que sostenían el tinglado parece que cederán en cualquier momento, amenazando con venirse abajo, durante varios minutos de desesperación los integrantes de la Guardia Municipal arriesgando su vida sin la protección adecuada trataban de apagar el fuego, recorrer en aquel momento los pasillos era encontrarse con el calor infernal del incendio y el humo denso de los plásticos que se quemaban haciendo prácticamente imposible aquel intento desesperado de vencer al fuego sin los recursos suficientes; los llantos de los vendedores que habían perdido todo eran incontenibles, desobedecían los gritos de desalojar que les daban los policías para evitar que sus vidas corran riesgo, en medio de la tragedia, varios antisociales comenzaron el saqueo campante y sin restricciones; realizaban sus fechorías mimetizándose con habilidad entre la gente desesperada que intentaban rescatar con sus manos todo lo que podían salvar de sus tiendas, varios cisternas llegaron para tratar de suplir a los carros bomberos que se pedían a gritos, bomberos de Salvador Mazza cruzaban la frontera para tratar de ayudar, cientos de vecinos conmovidos se movilizaron para llegar a la zona del desastre y tratar de ayudar de alguna manera pero comprendiendo que ya no se podía hacer nada, se retiraban, muchos otros “mirones” permanecían en la zona y sin comprenderlo perjudicaban el avance de los vehículos que llegaban al lugar para intentar combatir el fuego, ante la ola de saqueos la seguridad del mercado intentaba cerrar las puertas de ingreso, se podían escuchar gritos pidiendo agua provenientes de distintos lugares del interior del mercado, la gente desesperada desafiaba todo con tal de rescatar y proteger “lo que sea” de su capital de trabajo, no les importaba que varias garrafas explotaban a sólo escasos metros de distancia, un hombre conseguía romper los candados y el cristal que protegían una efigie de la Virgen María y se la llevaba en medio de un angosto pasillo bordeado de fuego, hasta conseguir alcanzar una de las salidas, afuera en las calles que rodeaban la infraestructura del Mercado, varias heladeras, ropa, aparadores, mesas, es decir de todo se amontonaba como un desorden de naufragio en medio de charcos de agua, por uno de los techos una gata con el pelaje chamuscado avanza hasta lanzarse a la calzada para luego desaparecer en medio de las sombras de la calle llevando colgado de sus fauces un cachorrito, los guardias municipales y la policía son rebasados, los policías militares llegan y el superior les ordena que eviten que más personas ingresen al interior del Mercado; declara inmediatamente a los medios de comunicación: “no somos bomberos… esto es una bomba de tiempo” y las horas pasan el incendio continua sin poder ser sofocado en su totalidad, el servicio eléctrico es cortado en toda la zona que permanece iluminada por las llamas del fuego que fue derrumbando con su fuerza. Al final un horrible olor a quemado, acompañaban un escenario dantesco donde los escombros y las cenizas, eran lo único que había dejado el fuego, el incendio producido en el Mercado Campesino de la Ciudad de Yacuiba en sólo un par de horas había destruido lo que para muchas familias significaban no solamente años de sacrificio sino que también eran la única fuente de ingresos para su economía.

Yacuiba, disfruto de grandes conciertos durante los últimos 10 años, una década cuando los abundantes ingresos permitían a las Autoridades, escuchar una y otra vez los aplausos por las inauguraciones de algún gran proyecto; pero parece que durante aquellos largos 10 años, no priorizaron la prevención de posibles desastres como el sucedido a las miles de familias Yacuibeñas víctimas la noche del 3 de octubre de un incendió que destruyo el mayor Mercado de la ciudad, lamentablemente la infraestructura del Mercado Campesino tenía ya varios años, era prácticamente un canchón que abarcaba todo un manzano protegido por un gigantesco tinglado, con cientos de instalaciones eléctricas que fueron realizadas sin seguir ciertos protocolos de seguridad, un espacio donde la informalidad del trabajo imposibilitaba que los bienes de cada vendedor estén asegurados contra infortunios como el sucedido, cuando el humo y las cenizas se disipen, deberán iniciarse las investigaciones necesarias para determinar las causales del incendio, pero hasta que se den con las conclusiones, lamentablemente para la mayoría de los afectados la vida les depara un destino incierto, por tanto deberán reponerse del golpe sufrido y continuar. De las cenizas también puede volver a renacer la vida.   

(*) El autor José Luis Claros López, es Comunicador Social y Escritor.

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